En este semestre escolar, decidí involucrarme en las
actividades culturales del campus. Me pareció interesante tomar un taller de
baile ya que me gusta escuchar la música pero nunca me había atrevido a
bailarlo. Sería un reto para mí. El curso duró todo un semestre escolar, con
dos horas de clase a la semana. Al finalizar el curso, se organiza un evento público
en el que los estudiantes de los diferentes talleres culturales exponen el
trabajo realizado en el semstre. En este evento, el grupo de Swing organiza una
coreografía en la que se muestran los diferentes pasos y habilidades obtenidas
a lo largo del curso. Me pareció interesante unirme a este tipo de actividades
ya que es importante tratar de desarrollar las mayores habilidades posibles.
Además de que fue una actividad útil para despejar mi mente y distraerme de la
rutina de vida diaria.
Al iniciar el curso, estaba un poco
nervioso por hacer algo que nunca antes había tenido oportunidad de hacer. Me
di cuenta que no era la única persona que estaba nerviosa y por lo tanto, me
sentí un poco más tranquilo. Cuando comenzamos a realizar algunos movimientos
básicos de ritmo y coordinación, me dí cuenta que no se me dificultaba
hacerlos. Esto me tranquilizó y me dió seguridad para seguir trabajando. Poco a
poco se fue despertando en mí el interés y ganas de asistir a la clase y realizar nuevas y cada vez más complicadas actividades.
A lo largo del tiempo, todo el grupo fuimos avanzando
y desarrollando habilidades auditivas y motoras lo cual nos permitió ir avanzando
en la dificultad de movimientos y ritmos conjuntamente. Con motivo del evento
cultural realizado a fin de semestre, debíamos tener una pareja de baile para
comenzar a montar una coreografía. Afortunadamente, tuve la oportunidad de
trabajar con una persona que también tenía habilidades y conocía un poco más la
dinámica de la clase. Al principio fue un poco complicado trabajar en pareja ya
que los movimientos no debían hacerse pensando personalmente sino que debía
existir una conexión para permitir un movimiento armonioso. Ya no solo se
trataba de mí bailando, sino debía considerar que alguien más estaba sujeta a
mi mano y dependía de mí para poder moverse correctamente. Poco a poco fui
perdiendo el miedo a equivocarme y me dí cuenta que podía manejarme a mí y a
alguien más sin problemas.
Clase a clase, íbamos avanzando con
la coreografía. Había algunos pasos que se me dificultaban pero gracias a mi
pareja, logré hacerlos correctamente. Había ocasiones en que mi pareja se
equivocaba o no le salía un paso y era importante que tuviera mi apoyo para que
juntos, pudiéramos realizar la rutina correctamente. Los dos dependíamos de
nuestra solidaridad para poder avanzar en el curso. En algunos días de clase,
tanto mi pareja como yo llegamos a tener mal humor o pocas ganas de bailar. Sin
embargo, siempre nos apoyábamos para saber si necesitábamos ayuda. A lo largo
del curso, fue muy importante mantener una buena comunicación con mi pareja
para poder trabajar en armonía y sincronización.
Fue muy importante en todo momento
ser una persona paciente, no siempre tuvimos la habilidad de aprender los pasos
en poco tiempo; además, debíamos considerar que otras parejas necesitaban de
nuestra ayuda y tiempo para poder aprender algunos pasos. El respeto entre
parejas también fue fundamental para crear una agradable armonía en el grupo.
En todo momento respetamos los tiempos y habilidades de todas las personas. El
compromiso personal y con los demás también jugó un papel fundamental ya que
era importante asistir a todas las clases para no perder pasos que se hubieran
aprendido.
Si no se era cumplido y puntual no solo me afectaba a
mí, sino a mi pareja y el grupo completo también.
Durante las presentaciones del avance del curso,
tanto mi pareja y yo nos comprometimos en asistir y participar en todas las
actividades. Fue emotivo saber que solo bailaríamos por un semestre; se creó
una amistad entre nosotros que hasta el momento sigue vigente.


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